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Antaryon, Leyton

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Antaryon, Leyton

Mensaje por Administración el Jue 13 Oct 2011, 22:57

La vida de Antaryon no ha sido una vida fácil. Su nacimiento fue la extinción de toda su familia. Nacido en una noble y antigua estirpe de caballeros y paladines. Sus padres, de avanzada edad, aún no habían concebido ningún hijo y se decía por los nobles círculos y las sórdidas tabernas, que la Señora de Praven, mujer de Lord Manfred Antaryon, era infertil. Por eso el emberazo fue acogido con gran espectación en todos los lugares.
Y como era de entender, no todos acogieron la noticia del heredero con gusto. Pues Antaryon heredaría una gran fortuna en tierras, fortalezas e incluso hombres. Incluso su padre, tan chapado a las antiguas tradiciones de la caballería, era un epítome entre los antiguos caballeros que aún seguían a rajatabla sus antiguas tradiciones. Eso haría de Antaryon alguien poderoso. Y por ello su fortuna y su herencia era codiciada por muchos.
La noche en que nació, su padre organizó una grandísima fiesta que duraría una semana, a la que todos sus amigos, vecinos, familiares y conocidos estarían invitados. Tal era la dicha del antiguo Lord, que se descuidó de su propia seguridad. ¡Estaba entre amigos! ¿Que malo podía pasar? Pero por desgracia aquel hombre era confiado, y confiaba de quien menos debía confiar.
Cuando la llevaban cuatro noches de festejos, se habían reunido los más allegados amigos de la familia, aquellos quienes ambicionaban la herencia de Antaryon organizaron un complot. Aprovecharon los dias de fiesta para colar a sus propios hombros entre invitados, gentes ilustres y personas del servicio. De repente, el jolgorio cedió paso al dolor, la sangre y la muerte. Desde dentro abrieron las puertas y las defensas a una ingene cantidad de hombres armados. Fue tan repentino que apenas pudieron defenderse.
Fue una auténtica escabechina. Amigos. Aliados. Familias enteras fueron asesinadas bajo pretexto de traición. Alguien habia hecho circular misivas, falsos planes y cartas que ponía a los Antaryon y sus mas fervientes aliados como unos traidores a la Corona. Sus enemigos mataron dos pájaros de un tiro. Acabaron con la familia de Lord Manfred y sus aliados, y se adjudicaron sus tierras pues, la Corona, como regalo por tan leal servicio, les repartió las tierras del traidor.

Por suerte, o por desgracia para muchos, el bebé logró salvarse gracias las peripecias de un joven novio. Un monje que había venido con Ser Palas de Tyr, un clérigo y paladin de la deidad de la justicia. Al joven novicio no le fue dificil pasar desapercivido y largarse con el iño mientras, tras él, los ríos de Praven lloraban sangre.
Ambos crecieron, bebé y novicio, separados solo por doce años. El niño nombró al bebé Leyton, como se llamaba el Caballero Comandante de Tyr, y poco a poco fue queriendole como a un hermano. Ambos se ocultaron de diversas formas. Eran unos pobres pilluelos que se habian escapado de un horfanato en una ciudad; en la siguiente eran dos chiquillos que habian perdido a sus padres en unas pestes. Finalmente llegaron ante los clérigos de Tyr, cuando Antaryon contaba con tres años.
Desde ese momento ambos niños, uno ya era novicio, fueron instruidos por paladines y para convertirse en paladines. No hay que decir que la instrucción fue dura. Pero el bebé que perdió a su familia creció como uno de los más prometedores paladines y seguidores de Tyr. Ferviente seguidor de la justicia amaba el estudio de las leyes, por antigua que fuera, o aunque fueran leyes extranjeras. Para él, más sagrado que el propio Tyr, era el respeto a la ley, cosa a la que dedicaba la mayoría de su tiempo.
Con la espada era destacable. Pero el poder sagrado que corría por sus venas era inigualable. Milagros que muchos tardan en aprender, Leyton los realizaba con la misma facilidad con la que respiraba. Sus mayores, quizás por eso, le imprimieron una más dura enseñanza. En secreto, levantaban a los muertos para hacer a un niño de once años luchar contra ellos a muerte, sólo con sus hechizos. Le obligaban a curar heridas mortales, heridas que para un médico no tendrían curación. Y gracias a los duros métodos de sus inflexibles maestros, Leyton desarrolló una resistencia que no era habitual. Tanto fisica como psiquica. No habia cosa, por triste, asquerosa o terrorífica que fuera que el joven no pudiera soportar... siempre echado para alante y preparado para arremeter.

A los catorce años fue nombrado Caballero. A los dieciseis era ya un reputado Paladín. Con diecisiete ingresó en un círculo oscuro y reducido dentro de la iglesia de Tyr. Donde solo los clérigos y paladines más notables tenían cabida. Con diecisiete se convirtió en caballero de la Luz Ardiente. Un grupo de soldados de Tyr que luchaban con arrojo contra el Mal y el Caos que desataban las deidades oscuras y sus diabólicos retoños. Exorcismos y luchas contra criaturas demoniacas fue el día a día de Leyton durante dos años.
Cuando cumplió los diecinueve años, hace escasamente seis meses, recibió la visita de su mentor, amigo y hermano Clovec, el que fuera joven novicio que le salvó de la matanza, regresó convertido en Martilo de Tyr, un cargo importante. Éste le habló de su pasado, de su familia y de lo que ocurrió. Y movió los hilos necesarios para que los Caballeros de la Luz Ardiente dejaran al joven libertad para moverse.
Y la verdad es que les vino bien a su escueta Orden, ya que las pesquisas llevaron al joven al Reino de Camelot. Y allí, convivían cercanas la más brillante luz con la mas diabólica oscuridad. Un hilo muy fino separaban a sus habitantes de la perdición. Había gente buena, gente de corazón noble. Pero también había allí criaturas demoníacas, peligrosos entes que caminaban sin castigo por aquel reino. Escondidos. Esperando su oportunidad de alzarse.

Leyton fue enviado a ese Reino en calidad de embajador de la Iglesia de Tyr. Aparentemente fue enviado allí para ofrecer la ayuda y la justicia de Tyr a los monarcas de Camelot. Pero el mismísimo Caballero Comandante le enconmendó la misión secreta de perseguir, desenmascarar y destruir todo demonio que en su camino se encontrara.
Mas realmente la razón de su viaje era muy distinta. Se había cometido una injusticia con su familia. Familia que sirvió durante generaciones a la Corona de Camelot. No quería que les devolvieran sus títulos y sus tierras (que le vendrían muy bien a su Orden de Caballería). Quería hacer justicia. Que los falsos ardieran por sus mentiras y las almas de los justos descansaran en paz.


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