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Dieter Fritz

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Dieter Fritz

Mensaje por John_Raider el Vie 30 Nov 2012, 12:41

Nombre: Dieter Fritz
Clan vampírico: Tremere
Disciplinas: Taumaturgia, auspex, dominación
Edad (aparente): 108 (27)
Sire: Mathias Strauss (Muerto)
Lugar de orígen: Austria

Historia:
Dieter nació en una pequeña aldea de lo que hoy sería la región fronteriza entre Alemania y Austria. Hijo de Josph y Maria, era el menor de siete hermanos. Era siervo de un señor feudal, por lo que se pasó la vida sin salir de aquella aldea y trabajando la tierra junto con sus padres desde que tuvo fuerzas en los brazos. A la edad de diecinueve años contrajo matrimonio con una de las jóvenes del pueblo, y afortunadamente fue un matrimonio feliz, del cual surgieron cuatro hijos de los cuales solo sobrevivió uno. Aunque no se casaron por amor con el enlace surgió un fuerte vínculo emocional con él, y se quisieron con fuerza hasta una fría noche de invierno.

A la edad de veintisiete años un evento cambiaría la vida de Dieter para siempre. Su esposa Margarita le despertó en la madrugada, había oído ruidos afuera que la habían alarmado, sin embargo él no oyó nada. Habían corrido rumores en la región de ataques de lobos u otras bestias al ganado. Así que cogió una horca de arar y una lámpara y salió afuera para indagar. No vio nada afuera, tan solo las estrellas brillar en el cielo raso de una noche sin luna, por lo que no veía a más de tres palmos de sus narices a pesar del fuego que traía en la mano. Aquel intenso silencio fue roto por los gritos de su esposa, por lo que volvió a entrar corriendo. Vio una sombra encima de su mujer, que yacía en la cama inmóvil, apenas agitando sus piernas más como espasmos que por movimientos conscientes. Sin dudarlo clavó esa horca en la espalda de esa silueta, sin duda humana, que se separó del cuello de su mujer lanzando un grito, dejando la herida de la yugular de Margarita abierta, la boca ensangrentada. Se quitó de encima a Dieter con un garrazo que le rajó la camisa y el pecho, una herida profunda. Salió volando al otro lado de la habitación, y allí perdió la consciencia por el golpe.

Cuando despertó, todavía aturdido, estaba en una habitación cerrada, sin ventanas, toda oscura y sin luz alguna, salvo por el tenue brillo que emitían unas llamas de color azulado en las paredes. Pudo distinguir las siluetas de dos hombres allí, uno justo a su lado, y hablaba con la otra que estaba a unos pasos de distancia. No entendía lo que decían. Instintivamente se llevó la mano al pecho recordando esa profunda herida que le propinó aquella silueta; su camisa estaba rasgada conservando esa marca del garrazo, no así su piel que no tenía ni siquiera cicatriz. Cuando se removió el hombre a su lado se abalanzó encima de él; vio sus ojos azul claro acercársele pero no tuvo miedo. Fue una sensación extraña; a pesar de no haberlos visto jamás sentía que podía confiar en ellos. Incluso que aquel hombre, fuera quien fuera, era su amigo. Y volvió a perder la consciencia.

Al volver a abrir los ojos ya era un vástago más. Estaban ahora en una habitación sencilla y espaciosa, y aquel hombre de ojos azules aguardaba a su lado de pie. Le explicó todo lo que un neonato debía saber sobre la Estirpe de Caín y de su clan en concreto. Dieter se sentía extraño; ya sentía que su cuerpo no tenía las necesidades que tenía anteriormente, excepto el sentimiento de la sed, ahora más intensificado que nunca. Así como que sus sentidos parecían desarrollados, y muchas otras cosas más. A pesar de toda la desconfianza y el miedo que suele vivir un neonato en aquel momento también sintió algo bastante común en estas situaciones; total confianza hacia Mathias, su Sire.

Éste también le contó lo que ocurrió aquella noche en que le encontró. Mathías iba tras la pista de un Tzimisce para darle caza, y pudo ganarle en un combate no muy lejos de donde Dieter vivía, pero consiguió escapar malherido y le perdió el rastro. Al parecer entró en su casa y se alimentó de su esposa, la cual murió desangrada pues no pudo llegar a tiempo para salvarla como hizo con él. Vio madera en él, pues había acabado con aquel vampiro; y que un humano pueda darle la muerte definitiva a un vampiro, por muy debilitado, malherido y distraído que estuviera, significaba que, sin duda, algo tenía. Lamió sus heridas y le dio a beber su sangre para reponerle fuerzas de aquella manera sobrehumana y lo llevó ante su superior para pedir permiso para abrazarlo y hacerlo su chiquillo; aquella fue la escena que vio al despertar.

A pesar de la confianza que sentía hacia su Sire su sentimiento de humanidad era todavía muy reciente y se sentía asqueado por su nueva condición. Pensando que todo era una pesadilla y que podría volver atrás huyó y regresó a su hogar donde se encerró, clavando las puertas y ventanas para que nada pudiera salir o entrar, especialmente los rayos del sol. Allí pasó dos días con su hijo; pero por mucho que su mente quisiera rechazar aquella nueva realidad su cuerpo no podía, y pronto sintió en ineludible impulso del hambre. Naturalmente rechazó hasta el último momento beberse la sangre de su propio hijo, y ese último momento llegó. Entró en frenesí y se bebió hasta la última gota de su sangre, matando a su propio hijo. A golpes salió afuera ansiando más alimento y se topó con su Sire, que lo dejó fuera de combate y entró en letargo.

Al recuperar la consciencia Mathias le explicó todo lo que había ocurrido, y le recalcó que no había vuelta atrás, que la única salida de aquella vida era encontrar la muerte definitiva. Y para no olvidar aquella lección estaba el asesinato de la muerte de su propio hijo. Ahora Dieter entendió la nueva realidad, y empezó a interesarse en las cosas buenas que podría obtener en esa nueva condición: poderes cuasi ilimitados, posibilidad de acceder a más y mayores conocimientos, incluso ocultos y, si jugaba bien sus cartas, la inmortalidad.

Pasó el tiempo y Dieter se fue integrando poco a poco en el clan Tremere de la mano de su Sire, que tenía cierto rango y prestigio dentro del clan. Pudo observar y sentir en su carne muerta aquellos otros efectos de su condición de cainita, como la inmortalidad y eterna juventud, viendo envejecer a tantos hombres, mientras que él seguía adelante con el mismo aspecto, la misma salud.

La eterna disputa entre Tremeres y Tzimisces no solo no terminó, sino que se intensificó y recrudeció durante unos meses en el centro de Europa. Ambos, Sire y chiquillo tuvieron que separarse durante unos días para ocupar distintos asuntos, ambos muy liados especialmente por los ataques Tzimisces hacia compañeros de clan. En uno de estos ataques su Sire acabó muerto, y uno de los refugios del clan, donde llegó a pasar más de cincuenta años estudiando secretos arcanos, fue quemado con muchos compañeros dentro. Huyó hacia el sur, donde sabía que encontraría otros compañeros de clan, y en su ayuda pudo encontrar aquel grupo, terminando con casi todos ellos en un ataque a su refugio en unas cuevas. Muchos huyeron, le siguieron la pista y terminaron con todos, menos uno de ellos. Sin embargo Dieter no vio completa su venganza todavía, y fue tras la pista de aquel último Tzimisce. Dado que los Tremere habían expandido su influencia hacia el este, el Tzimisce fugitivo huyó hacia el oeste.

Apariencia:
Dieter es de estatura media, alrededor de 1’74 metros, y realmente delgado, sin llegar a los 70 kilos. Es realmente fino y poca cosa, de espalda estrecha, brazos y extremidades finas.

Su pelo es de color negro, es liso y lo lleva corto, y bien peinado siempre a poder ser. No tiene vello facial alguno. Sus ojos son verdes, su nariz ligeramente achatada y sus labios finos.

Acostumbra a vestir ropas elegantes y oscuras, siempre con algo de color morado en honor al clan; bien sea la camisa bajo su chaqueta, los detalles de su abrigo o pantalones o los cordones de sus botas. Tiene hasta siete colgantes de símbolos arcanos colgando de su cuello y dos anillos, uno en cada dedo anular de sus manos, con la triple T del clan inscrita en estos.

Personalidad:
Dieter reúne bastantes cualidades propias de un Tremere: es misterioso en su forma de ser, y críptico en su forma de hablar y expresarse. Se trata de un vástago sumamente reflexivo y racional, inteligente a pesar de sus orígenes más bien humildes y de carecer de educación formal.

No suele sentirse cómodo en las reuniones sociales con abundante gente, a menos que sea con otros compañeros de clan. Siempre parece estar distraído, perdido en sus pensamientos, pero pronto se descubre que está con los sentidos puestos en cada esquina de la habitación, en cada palabra de la conversación que pueda estar llevándose a cabo. Se siente bastante fiel al clan, tanto por el vínculo de sangre obligatorio a todo neonato, como por convicción propia. Su relación con el resto de clanes es más bien fría, aunque no discordante; excepción hecha con el clan Tzimisce que odia con todas sus fuerzas. En los ratos muertos acostumbra a seguir en sus estudios de la taumaturgia, especializado en la sangre.

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